¿Y qué pensar cuando sabes que esa historia que tan inocentemente has leído es parte de una ruda y cruel realidad?
Amagos de lágrimas ocupaban por entero mis ojos, intentando desbordarse al mismo tiempo que yo intentaba detenerlas.
Es triste... Tan triste que no puedo ni creerlo. ¿Cómo puede llegar la crueldad de alguien a tan extensos niveles? ¿Qué podemos pensar, pues, de la humanidad?
Si el mundo se mueve por ese tipo de clavijas, las cuales cumplen a regañadientes su función, intentando acabar con aquellas que realmente sostienen el mundo, ¿qué cabe esperar? ¿Cuál será el futuro del mundo?
El amor, que tan importante es, no es más que nimiedad para muchos de aquellos destructores, una simple excusa a través de la cual pueden acabar con las esperanzas de aquellos que realmente ansían la felicidad, quieren, simplemente, vivir, no sufrir.
Pero hay que ser consciente de que siempre habrá algo o alguien que interceda en ese intento de alcanzar esa tan buscada felicidad.
No podía creerlo, de verdad que no...
Documentos, palabras, grabaciones, escritos... ¡Todo! ¡Todo era cierto! ¡También eran, y son, reales esas personas! ¡Es real el sufrimiento, causado por tantas barbaridades atroces!
¿Quién podía pensar que el simple amor de una madre por su hija acabara convertida en violaciones de su alma, en noches compuestas por melodías en las que los protagonistas son el viento y el duro llanto de una madre por recuperar su libertad, tan injustamente arrebatada?
¿Qué será de esa niña, qué pensará de su madre, quien la quiere con locura, y quiere estar ante todo con ella? ¿Y su padre, grandísimo hijo de Satán, culpable de todo ese dolor, afanado por conseguir bienes y sufrimiento ajeno, acaso no tiene remordimientos? Ojalá supiera él lo que es pasar por eso, y su vida se convierta en el más cruento infierno del que nunca pueda salir.
Y es que, desde el primer momento, me metí en su piel. Quizá porque sé lo que es la desesperación, el sentir que no te queda nada y que solamente puedes aferrarte a lo poco que queda de tu cordura.
Siempre habrá gente que esté contigo.