Hoy es uno de esos días en que echas de menos a todos aquellos a los que ya no están contigo...
¿La razón?
Quizá ya estoy demasiado magullada como para poder pensar en otra cosa, teniendo en cuenta que no consigo evitar que la soledad se aparte de mí ni un mísero instante.
Siempre ahí. Latente. Como una herida recién abierta, la cual, en mi caso, tarda y tardará mucho, mucho tiempo en cicatrizar por completo, si es que algún día llega a hacerlo.
domingo, 31 de julio de 2011
sábado, 30 de julio de 2011
No lo es...
¿Por qué no puedo dejar de llorar?
¿Por qué no puedo evitar que todo el dolor que contengo en mi interior surja de nuevo e intente abarcar todo mi ser?
No es justo. Nada es justo.
Y nunca lo será.
¿Por qué no puedo evitar que todo el dolor que contengo en mi interior surja de nuevo e intente abarcar todo mi ser?
No es justo. Nada es justo.
Y nunca lo será.
jueves, 28 de julio de 2011
Bad?...
Hoy miré por la ventana, y, ¿sabes lo que vi?
Vi el reflejo de la luna sobre su pupila, la cual creía antes marchita.
Pero ha sido gracias a esa luz que he vuelto a ver en sus ojos algo de fuerza, algo de felicidad.
Aquel rastro de abatimiento seguía allí, claro que seguía allí, pero mucho más pequeño, casi inerte, casi muerto.
Andábamos, seguíamos nuestros pasos de vuelta a la realidad en aquel mundo de ensueños y maravillas, en el cual, desgraciadamente, a veces se entromete alguna que otra pesadilla. Pero, en parte, perfecto.
Y es que, fue ver aquella sonrisa dibujada en su cara, el leve y suave color rojizo de sus delicadas mejillas lo que hizo que me diera cuenta de la verdad.
¿Por qué todo siempre tiene que ser negro?
La vida no es sólo eso, oscuridad, sino que es una paleta llena de distintas tonalidades, todas ellas con un matiz diferente, todas ellas únicas y especiales.
Y es que es hoy uno de esos días en los que ves los colores más brillantes, más llenos de vida, y piensas que en realidad todo no es tan tétrico.
Pro entonces, llegará mañana.
te verás rodeada de los mismos sentimientos de siempre: angustia, soledad, pena, dolor...
Y dirás: ¿por qué esos momentos solo duran un breve instante? Tan breve que es casi imposible de recordar...
Muy sencillo: porque cuando te acuerdas, la esperanza que creías desaparecida, late dentro de ti. Aunque sea sólo por un minuto, un segundo.
Aunque sea sólo por un mísero instante, merece la pena.
Vi el reflejo de la luna sobre su pupila, la cual creía antes marchita.
Pero ha sido gracias a esa luz que he vuelto a ver en sus ojos algo de fuerza, algo de felicidad.
Aquel rastro de abatimiento seguía allí, claro que seguía allí, pero mucho más pequeño, casi inerte, casi muerto.
Andábamos, seguíamos nuestros pasos de vuelta a la realidad en aquel mundo de ensueños y maravillas, en el cual, desgraciadamente, a veces se entromete alguna que otra pesadilla. Pero, en parte, perfecto.
Y es que, fue ver aquella sonrisa dibujada en su cara, el leve y suave color rojizo de sus delicadas mejillas lo que hizo que me diera cuenta de la verdad.
¿Por qué todo siempre tiene que ser negro?
La vida no es sólo eso, oscuridad, sino que es una paleta llena de distintas tonalidades, todas ellas con un matiz diferente, todas ellas únicas y especiales.
Y es que es hoy uno de esos días en los que ves los colores más brillantes, más llenos de vida, y piensas que en realidad todo no es tan tétrico.
Pro entonces, llegará mañana.
te verás rodeada de los mismos sentimientos de siempre: angustia, soledad, pena, dolor...
Y dirás: ¿por qué esos momentos solo duran un breve instante? Tan breve que es casi imposible de recordar...
Muy sencillo: porque cuando te acuerdas, la esperanza que creías desaparecida, late dentro de ti. Aunque sea sólo por un minuto, un segundo.
Aunque sea sólo por un mísero instante, merece la pena.
... =)
...Y entonces él puso los manos alrededor del rostro de ella y le hizo levantar la mirada.
-¿Por qué piensas así?
Ella intentó apartar sus ojos de los de él.
-¿Por qué no debería pensarlo?
Ambos se quedaron callados durante un rato.
-Simplemente, por que no.
Ella suspiró.
-Porque sé que te amo. Y que eso no va cambiar, pase lo que pase.
Un escalofrío subió por la espalda de ella, haciéndola temblar.
-No... No puede ser así.
-¿Por qué no?- Preguntó él, acercando más su rostro al de ella.
-Han pasado demasiadas cosas... Demasiadas.
Los dedos de él juguetearon con un rebelde mechón de pelo de ella, acariciando a su vez su fina piel.
-¿Y qué más da? Al fin y al cabo, el pasado es pasado, y nunca volverá.
-Pero...
Él detuvo sus palabras situando el dedo índice sobre sus delicados labios.
-No intentes negarlo. ¿Por qué te cuesta tanto admitir que me amas?
Ella negó con la cabeza.
-No es así. Sabes que no...
-Cuán equivocada estás- dijo él, con una delicada sonrisa dibujada en su rostro.
Las manos de ella empezaron a temblar violentamente. Él las sujetó entre las suyas con fuerza y las puso sobre su pecho.
-¿Lo sientes? ¿Notas cómo mi corazón late rítmicamente? Este corazón, que ha llorado por ti, que ha sido destrozado, pero que, a la vez, ha estado henchido de amor. Y fue gracias a ti. Y todavía puedo sentir cómo desea volver a ser tuyo. No sólo bombea sangre, sino que también los impulsos de hacerme tuyo, de poder volver a estar entre tus brazos y poder suspirar sobre tu pecho. de poder volver a soñar contigo, sentirme junto a mí, y no volver a llorar nunca más por ello.
Unas lágrimas rodaron por las delicadas mejillas de ella.
-No... No puedo... No debo creerlo... No es cierto.
-Tu cabeza lo cree así, pero, ¿qué hay de tu corazón? ¿De tu alma? ¿Acaso no importan?
Ella bajó la cabeza, y él la estrechó entre sus brazos.
-Dime, ¿por qué no puedes aceptarlo?
-Porque sé que me haría daño...
Él se quedó callado. Como respuesta, separó su cuerpo de el de ella, y suave pero ardientemente, posó sus labios sobre a los de ella.
-Y es ese algo el que me impide alejarme de ti...- sonrió, y se alejó lentamente, desapareciendo entre las sombras.
-¿Por qué piensas así?
Ella intentó apartar sus ojos de los de él.
-¿Por qué no debería pensarlo?
Ambos se quedaron callados durante un rato.
-Simplemente, por que no.
Ella suspiró.
-Porque sé que te amo. Y que eso no va cambiar, pase lo que pase.
Un escalofrío subió por la espalda de ella, haciéndola temblar.
-No... No puede ser así.
-¿Por qué no?- Preguntó él, acercando más su rostro al de ella.
-Han pasado demasiadas cosas... Demasiadas.
Los dedos de él juguetearon con un rebelde mechón de pelo de ella, acariciando a su vez su fina piel.
-¿Y qué más da? Al fin y al cabo, el pasado es pasado, y nunca volverá.
-Pero...
Él detuvo sus palabras situando el dedo índice sobre sus delicados labios.
-No intentes negarlo. ¿Por qué te cuesta tanto admitir que me amas?
Ella negó con la cabeza.
-No es así. Sabes que no...
-Cuán equivocada estás- dijo él, con una delicada sonrisa dibujada en su rostro.
Las manos de ella empezaron a temblar violentamente. Él las sujetó entre las suyas con fuerza y las puso sobre su pecho.
-¿Lo sientes? ¿Notas cómo mi corazón late rítmicamente? Este corazón, que ha llorado por ti, que ha sido destrozado, pero que, a la vez, ha estado henchido de amor. Y fue gracias a ti. Y todavía puedo sentir cómo desea volver a ser tuyo. No sólo bombea sangre, sino que también los impulsos de hacerme tuyo, de poder volver a estar entre tus brazos y poder suspirar sobre tu pecho. de poder volver a soñar contigo, sentirme junto a mí, y no volver a llorar nunca más por ello.
Unas lágrimas rodaron por las delicadas mejillas de ella.
-No... No puedo... No debo creerlo... No es cierto.
-Tu cabeza lo cree así, pero, ¿qué hay de tu corazón? ¿De tu alma? ¿Acaso no importan?
Ella bajó la cabeza, y él la estrechó entre sus brazos.
-Dime, ¿por qué no puedes aceptarlo?
-Porque sé que me haría daño...
Él se quedó callado. Como respuesta, separó su cuerpo de el de ella, y suave pero ardientemente, posó sus labios sobre a los de ella.
-Y es ese algo el que me impide alejarme de ti...- sonrió, y se alejó lentamente, desapareciendo entre las sombras.
miércoles, 27 de julio de 2011
Why?
No entiendo nada.
Hoy me he dado cuenta de ello, y no se por qué.
En realidad... Creo que lo único que sé es que en esta vida no hay nada puramente cierto.
Porque, ¿qué razón hay para que sigas atosigándome, tú, demonio de la ira, la angustia, los celos, la rabia, la vanidad?
Hace mucho firmamos un pacto, en el cual.... Bueno, al fin y al cabo siempre salgo perdiendo.
Pero, ¿por qué romperlo? ¿Qué necesidad hay de destrozar más esta pobre mente y su compañero corazón?
Por ironía, quizá. O por gusto, como hacen muchos de los crueles seres de este mundo.
O simplemente porque me tocó ser tu víctima más cercana, quién sabe.
Qué necesidad más estúpida de conocimiento necesitamos los humanos...
Hoy me he dado cuenta de ello, y no se por qué.
En realidad... Creo que lo único que sé es que en esta vida no hay nada puramente cierto.
Porque, ¿qué razón hay para que sigas atosigándome, tú, demonio de la ira, la angustia, los celos, la rabia, la vanidad?
Hace mucho firmamos un pacto, en el cual.... Bueno, al fin y al cabo siempre salgo perdiendo.
Pero, ¿por qué romperlo? ¿Qué necesidad hay de destrozar más esta pobre mente y su compañero corazón?
Por ironía, quizá. O por gusto, como hacen muchos de los crueles seres de este mundo.
O simplemente porque me tocó ser tu víctima más cercana, quién sabe.
Qué necesidad más estúpida de conocimiento necesitamos los humanos...
martes, 26 de julio de 2011
Color...
...Y entonces dejó caer aquel último pétalo de rosa sobre su mano.
-¿Ves? Las lágrimas a veces pueden ser tan frágiles como los pétalos.
-Pero nunca serán tan bellas ni tan suaves.
Suspiró, y la miró fijamente.
-¿Eso crees? ¿Un pétalo puede brillar tanto como una lágrima? ¿Puede esa pequeña porción de terciopelo dar la sensación de libertad que la composición de una lágrima asemeja? Porque, no sé tú, pero cuando dejo que corran esos pequeños seres por mi rostro, puedo imaginarme ríos, lagos, incluso mares u océanos.
Dime, ¿puedes hacer eso con un pétalo?
Se quedó callada, sosteniendo aquella parte de un todo ya seco y ennegrecido.
-No. Es cierto. No puedes. Pero una cosa es verdad: una lágrima nunca tendrá el bello colorido de un pétalo, por mucho que le de el sol.
Nunca.
-¿Ves? Las lágrimas a veces pueden ser tan frágiles como los pétalos.
-Pero nunca serán tan bellas ni tan suaves.
Suspiró, y la miró fijamente.
-¿Eso crees? ¿Un pétalo puede brillar tanto como una lágrima? ¿Puede esa pequeña porción de terciopelo dar la sensación de libertad que la composición de una lágrima asemeja? Porque, no sé tú, pero cuando dejo que corran esos pequeños seres por mi rostro, puedo imaginarme ríos, lagos, incluso mares u océanos.
Dime, ¿puedes hacer eso con un pétalo?
Se quedó callada, sosteniendo aquella parte de un todo ya seco y ennegrecido.
-No. Es cierto. No puedes. Pero una cosa es verdad: una lágrima nunca tendrá el bello colorido de un pétalo, por mucho que le de el sol.
Nunca.
jueves, 21 de julio de 2011
¿Felicidad?
Un día alegre...
Todo tranquilo, sin prácticamente ningún inconveniente.
Vas con tus amigos, te lo pasas bien. Te ríes, dejas el tiempo correr y no eres consciente de su esencia y del poder que tiene.
Entonces llega el momento, y te derrumbas.
Ves algo que te inquieta, te incomoda, te jode, por decirlo así.
¿Y qué puedes hacer para evitarlo?
Nada, mas que desear su muerte.
miércoles, 20 de julio de 2011
¿Egoísta?
Dices que no sé por lo que estás pasando. Que todo es demasiado complicado, y que hay que ponerle algún remedio, y que yo no hago nada para evitarlo.
¿Qué quieres? ¿Que nos atemos a una piedra y nos tiremos por un puto puente? ¿Eso es lo que quieres? ¿Que nso quedemos más solas de lo que ya lo estamos?
Y qué puedo hacer si lo único que quiero es poder vivir tranquila. Porque te quejas, claro que te quejas, continuamente, de lo cimplicado que es tu vida.
¿Y la mía? ¿No soy yo tan víctima de la misma mierda como tú? No, por supuesto que no... Según tú no tengo ni puta idea de nada.
PUES QUE SEPAS QUE SÍ! SOY BASTANTE CONSCIENTE DE LO QUE PASA! y LO ÚNICO QUE QUIERO ES EVITAR SUFRIR MÁS REMOVIENDO TODA LA MUGRE QUE TU TE DEDICAS A MOLDEAR CONTINUAMENTE!
Y si estás jodida, cfréeme, no eres la única, NI MUCHO MENOS.
¿Qué quieres? ¿Que nos atemos a una piedra y nos tiremos por un puto puente? ¿Eso es lo que quieres? ¿Que nso quedemos más solas de lo que ya lo estamos?
Y qué puedo hacer si lo único que quiero es poder vivir tranquila. Porque te quejas, claro que te quejas, continuamente, de lo cimplicado que es tu vida.
¿Y la mía? ¿No soy yo tan víctima de la misma mierda como tú? No, por supuesto que no... Según tú no tengo ni puta idea de nada.
PUES QUE SEPAS QUE SÍ! SOY BASTANTE CONSCIENTE DE LO QUE PASA! y LO ÚNICO QUE QUIERO ES EVITAR SUFRIR MÁS REMOVIENDO TODA LA MUGRE QUE TU TE DEDICAS A MOLDEAR CONTINUAMENTE!
Y si estás jodida, cfréeme, no eres la única, NI MUCHO MENOS.
...
Intenté agarrarme a tu delicada mano en le útlimo momento, pero no pude evitar lo que finalmente sucedió.
Y es que hay tantos errores de los que arrpentirse...
Cuando uno se odia a sí mismo, no es fácil, claro que no, el poder cambiar, puesto que lo único de lo que te dan ganas es de haber cogido finalmente ese puñal y haber puesto fin a todo el dolor en aquel momento.
Pero por culpa de una falsa esperanza te confundes, y te paras en el preciso momento en el que esa fina hoja va a llevarte a donde deberías haber estado desde un principio.
Y la desgracia... ¿quién es ella como para otorgarse el puesto de mejor compañera en la vida? Nunca le pedí que me acompañara allá donde estuviera, pero lo hace. Y ahí está, latente, en todos y cada uno de los momentos en los que vivo.
La alianza que hay entre ella y el destino no es más que un vil pacto para acabar con los pocos pequeños soñadores que quedan en la faz del mundo a día de hoy.
Y esa es la razón de que todo sea tan negro, tan oscuro, como una humedecida pupila.
Y es que hay tantos errores de los que arrpentirse...
Cuando uno se odia a sí mismo, no es fácil, claro que no, el poder cambiar, puesto que lo único de lo que te dan ganas es de haber cogido finalmente ese puñal y haber puesto fin a todo el dolor en aquel momento.
Pero por culpa de una falsa esperanza te confundes, y te paras en el preciso momento en el que esa fina hoja va a llevarte a donde deberías haber estado desde un principio.
Y la desgracia... ¿quién es ella como para otorgarse el puesto de mejor compañera en la vida? Nunca le pedí que me acompañara allá donde estuviera, pero lo hace. Y ahí está, latente, en todos y cada uno de los momentos en los que vivo.
La alianza que hay entre ella y el destino no es más que un vil pacto para acabar con los pocos pequeños soñadores que quedan en la faz del mundo a día de hoy.
Y esa es la razón de que todo sea tan negro, tan oscuro, como una humedecida pupila.
domingo, 17 de julio de 2011
Te echo de menos.
¿Y qué puedo decir, si las lágrimas atragantan mis palabras?
Mi corázón henchido, junto a mi alma, no puede soportarlo. Ambos están destrozados, desgarrados por el dolor.
Y es que te echo tanto de menos...
La vida cruel... ¿por qué tuvo que arrancarte de mi lado? ¿Quién le dio permiso para que arrastrara tu esencia con ella y te apartara de mí? ¿Quién?
El tiempo... Dios y compañero de la muerte, quizá.
La enfermedad, amiga íntima de éste.
La medicina... quien fue quien hizo que se apagara finalmente tu dolor, a la vez a la que se intensificaba el mío.
Lo recuerdo.
Recuerdo aquel día como si lo estuviera viviendo en este preciso instante.
En el coche, ese monstruoso invento, te tenía entre mis fácidos brazos debido al miedo, a los nervios.
Lloraba. Intentaba no llorar, pero no lo podía evitar. Las lágrimas fueron más fuertes que yo. Siempre lo son.
Y poco a poco, nos acercamos lentamente hacia ese límpido infierno.
Aparcamos, y yo te sujetaba con toda la fuerza de la que era capaz.
Tú me hablabas, intentabas hacerlo, pero tus gemidos tapaban el dulce sonido de tu voz.
Temblabas. Temblamos juntos, tú en mis brazos y yo sostenida por mis renqueantes e inseguras piernas.
Entramos. Una puerta de cristal separaba la realidad del sueño, y un mostrador una cara tranquila y sonriente aludía a nuestras faces con un sentimiento de pura ingenuidad, pero al fin y al cabo desconocido.
Hablamos, o eso creía yo.
Yo intentaba con todas mis fuerzas que las saliva no se desbordara de mi garganta e inundara mis pulmones.
Nos pasaron a una sala. a una fría, y fatídica, sala.
Te pusieron lentamente sobre una cama de metal, dura... con aspecto mortífero.
Te limpiaron tus pequeños ojitos, y tu naricita, para intentar que respiraras mejor. Oyeron los latidos de tu corazón, pero sin llegar a esucharlos. Si los hubieran escuchado, cuántas cosas habrían descubierto... Cuántas...
Llegó el momento.
Aquella cara, ya no tan sonriente, se nos acercó.
-No podemos hacer nada- dijo, con la mirada fija en mi pequeño.- Está demasiado enfermo. Si lo dejamos vivir, solamente sufrirá más. Lo mejor es que...
Sé que lo último no llegué a oírlo, ni siquiera a percibirlo mínimamente.
Yo solamente tenía sentidos para ti. Tan pequeño, tan frágil, postrado sobre aquella tabla metálica. Y las lágrimas volvieron a abordar mis ojos.
Una mano sobre mi tembloroso hombro me hizo volver a la realidad.
-Sara, no queda otra. Va a ser lo mejor para él.
Instintivamente, me tumbé sobre ti, llorando como no había llorado nunca, implorando al cielo que hubiera otra posibilidad, que no tuviera que ser la opción definitiva.
Unos instantes después, nunca podría saber decir cuánto tiempo, ya que ni mi cuerpo ni mi mente lo percibían, volvió aquella la que me había parecido en una primera impresión simpática, agradable, con la muerte entre sus manos.
-Te echaré de menos. Siempre. Lo sabes, ¿no? Nunca te olvidaré. Mi pequeño... Siempre serás mi pequeño. Te quiero, y te querré para siempre.
Fueron las palabras que salieron de entre mis tartamudeantes labios, los cuales fueron utilizados como un filtro, ya que esas palabras procedían directamente de mi corazón.
Te besé, y, como de costumbre siempre que acercaba mi cabeza a la tuya, me contestaste con un golpecito y un suave rornoneo, y un mínimo maullido.
Y entonces, ocurrió.
Vi como tu vida se escapaba de tu cuerpo con pequeños espasmos, lentamente, hasta que finalmente, cerraste tus ojos para siempre.
Quiero que sepas, que nunca, nunca solté tu pequeña mano de entre las mías, ni en esta vida, ni en la otra.
Y al fin y al cabo, soy feliz de haber vivido tantas, tantísimas cosas contigo, y de haber podido estar contigo en tus últimos momentos, y que me pudieras hablar, que yo pudiera hacerlo, que fuera la última quien se comunicó contigo.
No había tenido fuerzas hasta ahora, pero ahora digo que te amo. Que no es solo amor lo que siento, sino muchos sentimientos más que con palabras nunca pude expresar, pero que con la última mirada que cruzamos, te dije.
Es que te echo de menos.
Mi corázón henchido, junto a mi alma, no puede soportarlo. Ambos están destrozados, desgarrados por el dolor.
Y es que te echo tanto de menos...
La vida cruel... ¿por qué tuvo que arrancarte de mi lado? ¿Quién le dio permiso para que arrastrara tu esencia con ella y te apartara de mí? ¿Quién?
El tiempo... Dios y compañero de la muerte, quizá.
La enfermedad, amiga íntima de éste.
La medicina... quien fue quien hizo que se apagara finalmente tu dolor, a la vez a la que se intensificaba el mío.
Lo recuerdo.
Recuerdo aquel día como si lo estuviera viviendo en este preciso instante.
En el coche, ese monstruoso invento, te tenía entre mis fácidos brazos debido al miedo, a los nervios.
Lloraba. Intentaba no llorar, pero no lo podía evitar. Las lágrimas fueron más fuertes que yo. Siempre lo son.
Y poco a poco, nos acercamos lentamente hacia ese límpido infierno.
Aparcamos, y yo te sujetaba con toda la fuerza de la que era capaz.
Tú me hablabas, intentabas hacerlo, pero tus gemidos tapaban el dulce sonido de tu voz.
Temblabas. Temblamos juntos, tú en mis brazos y yo sostenida por mis renqueantes e inseguras piernas.
Entramos. Una puerta de cristal separaba la realidad del sueño, y un mostrador una cara tranquila y sonriente aludía a nuestras faces con un sentimiento de pura ingenuidad, pero al fin y al cabo desconocido.
Hablamos, o eso creía yo.
Yo intentaba con todas mis fuerzas que las saliva no se desbordara de mi garganta e inundara mis pulmones.
Nos pasaron a una sala. a una fría, y fatídica, sala.
Te pusieron lentamente sobre una cama de metal, dura... con aspecto mortífero.
Te limpiaron tus pequeños ojitos, y tu naricita, para intentar que respiraras mejor. Oyeron los latidos de tu corazón, pero sin llegar a esucharlos. Si los hubieran escuchado, cuántas cosas habrían descubierto... Cuántas...
Llegó el momento.
Aquella cara, ya no tan sonriente, se nos acercó.
-No podemos hacer nada- dijo, con la mirada fija en mi pequeño.- Está demasiado enfermo. Si lo dejamos vivir, solamente sufrirá más. Lo mejor es que...
Sé que lo último no llegué a oírlo, ni siquiera a percibirlo mínimamente.
Yo solamente tenía sentidos para ti. Tan pequeño, tan frágil, postrado sobre aquella tabla metálica. Y las lágrimas volvieron a abordar mis ojos.
Una mano sobre mi tembloroso hombro me hizo volver a la realidad.
-Sara, no queda otra. Va a ser lo mejor para él.
Instintivamente, me tumbé sobre ti, llorando como no había llorado nunca, implorando al cielo que hubiera otra posibilidad, que no tuviera que ser la opción definitiva.
Unos instantes después, nunca podría saber decir cuánto tiempo, ya que ni mi cuerpo ni mi mente lo percibían, volvió aquella la que me había parecido en una primera impresión simpática, agradable, con la muerte entre sus manos.
-Te echaré de menos. Siempre. Lo sabes, ¿no? Nunca te olvidaré. Mi pequeño... Siempre serás mi pequeño. Te quiero, y te querré para siempre.
Fueron las palabras que salieron de entre mis tartamudeantes labios, los cuales fueron utilizados como un filtro, ya que esas palabras procedían directamente de mi corazón.
Te besé, y, como de costumbre siempre que acercaba mi cabeza a la tuya, me contestaste con un golpecito y un suave rornoneo, y un mínimo maullido.
Y entonces, ocurrió.
Vi como tu vida se escapaba de tu cuerpo con pequeños espasmos, lentamente, hasta que finalmente, cerraste tus ojos para siempre.
Quiero que sepas, que nunca, nunca solté tu pequeña mano de entre las mías, ni en esta vida, ni en la otra.
Y al fin y al cabo, soy feliz de haber vivido tantas, tantísimas cosas contigo, y de haber podido estar contigo en tus últimos momentos, y que me pudieras hablar, que yo pudiera hacerlo, que fuera la última quien se comunicó contigo.
No había tenido fuerzas hasta ahora, pero ahora digo que te amo. Que no es solo amor lo que siento, sino muchos sentimientos más que con palabras nunca pude expresar, pero que con la última mirada que cruzamos, te dije.
Es que te echo de menos.
Odio.
¿Por qué?
¿Por qué todo tiene que pasar sin razón aparente, haciendo a uno msimo desgraciado, y no tener que darle importancia?
Piensas: "bueno, lo hecho, hecho está".
Efectivamente, y ese hecho no va a desaparecer. Seguirá martilleando tu cabeza constantemente, hará sangrar tus más profundos sentimientos, hará que vuelvas a caer en una espiral de dolor.
¿Y por qué lo hacemos, pudiendo evitarlo?
Porque no somos más que unos desgraciados ignorantes que lo único que buscan es la satisfacción para uno mismo, y no piensa en las consecuancias.
¿Repercusiones? Se podría decir que es una palabra poco usada, y su significado poco atendido.
Y es por esa ignorancia por la que somos tan desgraciados. Y es ese odio que te corroe las entrañas ciontigo mismo cuando piensas y dices: "sí, soy un puto gilipollas".
Pero lo mejor tras pensarlo, es que vuelves a caer, y vuelves a caer, y vuelves a caer...
Así hasta que te das cuenta que el único camino de salida que hay es la muerte.
Lo más inteligentes optan por seguir su curso. Otros, tal vez demasiados, creen que podrán superarlo, que no son más que pequeños obstáculos que pueden esquivarse.
Malditos desdichados. Dejad de pensar que es la belleza lo que imperia el mundo, porque no es así.
Ni mucho menos.
¿Por qué todo tiene que pasar sin razón aparente, haciendo a uno msimo desgraciado, y no tener que darle importancia?
Piensas: "bueno, lo hecho, hecho está".
Efectivamente, y ese hecho no va a desaparecer. Seguirá martilleando tu cabeza constantemente, hará sangrar tus más profundos sentimientos, hará que vuelvas a caer en una espiral de dolor.
¿Y por qué lo hacemos, pudiendo evitarlo?
Porque no somos más que unos desgraciados ignorantes que lo único que buscan es la satisfacción para uno mismo, y no piensa en las consecuancias.
¿Repercusiones? Se podría decir que es una palabra poco usada, y su significado poco atendido.
Y es por esa ignorancia por la que somos tan desgraciados. Y es ese odio que te corroe las entrañas ciontigo mismo cuando piensas y dices: "sí, soy un puto gilipollas".
Pero lo mejor tras pensarlo, es que vuelves a caer, y vuelves a caer, y vuelves a caer...
Así hasta que te das cuenta que el único camino de salida que hay es la muerte.
Lo más inteligentes optan por seguir su curso. Otros, tal vez demasiados, creen que podrán superarlo, que no son más que pequeños obstáculos que pueden esquivarse.
Malditos desdichados. Dejad de pensar que es la belleza lo que imperia el mundo, porque no es así.
Ni mucho menos.
viernes, 15 de julio de 2011
Y sonríes...
Te levantas.
Estiras todos los músculos adormecidos de tu cuerpo al tiempo que bostezas profundamente.
Miras a tu alrededor... "Hoy será un gran día. Hoy será... diferente".
Te levantas de un salto con toda la energía que tus recientemente despiertas piernas pueden, y te apoyas sobre las entumecidas plantas de tus pies.
Vas al baño, te miras en el espejo... y sonríes.
Te lavas la cara con energía, prefiriendo no pensar en nada...
Comes, te arreglas y te vas con tus amigos.
Durante el trayecto escuchas tu canción favorita... y sonríes.
Llegas a casa, te pones el pijama, miras fijamente a la cama, suspirando, y...
¿Por qué ya no sonrío? ¿Por qué las lágrimas comienzan a descender en un torrente de fuerza imparable por mi rostro?
Porque eso a lo que llamamos felicidad, es como una mísera sonrisa: dura una fracción, una milésima de segundo en la vida de aquellos quienes suspiran, esperando algo de ésta, cegados por su hiriente y demente luz.
Porque una sonrisa, no es más que el reflejo del más puro y hondo dolor.
Estiras todos los músculos adormecidos de tu cuerpo al tiempo que bostezas profundamente.
Miras a tu alrededor... "Hoy será un gran día. Hoy será... diferente".
Te levantas de un salto con toda la energía que tus recientemente despiertas piernas pueden, y te apoyas sobre las entumecidas plantas de tus pies.
Vas al baño, te miras en el espejo... y sonríes.
Te lavas la cara con energía, prefiriendo no pensar en nada...
Comes, te arreglas y te vas con tus amigos.
Durante el trayecto escuchas tu canción favorita... y sonríes.
Llegas a casa, te pones el pijama, miras fijamente a la cama, suspirando, y...
¿Por qué ya no sonrío? ¿Por qué las lágrimas comienzan a descender en un torrente de fuerza imparable por mi rostro?
Porque eso a lo que llamamos felicidad, es como una mísera sonrisa: dura una fracción, una milésima de segundo en la vida de aquellos quienes suspiran, esperando algo de ésta, cegados por su hiriente y demente luz.
Porque una sonrisa, no es más que el reflejo del más puro y hondo dolor.
jueves, 14 de julio de 2011
Y es que es todo tan complejo...
Quién lo diría... Tan abstracto y contradictorio, ¿verdad?
Pero... ¿qué es la dificultad? Un Impedimento, un algo por lo que no nos permitimos a nosotros mismos alcanzar aquello que más deseamos.
Al fin y al cabo, es algo que no podemos evitar.
¿El por qué de este sin razón?
Porque somos humanos, y a eso nos dedicamos: a hacernos daño a nosotros mismos a través de cualquier método, arrasando cualquier barrera de lo imposible. Y todo porque no somos más que unos simples necios.
Pero... ¿qué es la dificultad? Un Impedimento, un algo por lo que no nos permitimos a nosotros mismos alcanzar aquello que más deseamos.
Al fin y al cabo, es algo que no podemos evitar.
¿El por qué de este sin razón?
Porque somos humanos, y a eso nos dedicamos: a hacernos daño a nosotros mismos a través de cualquier método, arrasando cualquier barrera de lo imposible. Y todo porque no somos más que unos simples necios.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)