domingo, 15 de septiembre de 2013

Tú.

Te lo mereces todo. Deberías ser la persona más feliz del mundo y, en cambio, poco a poco te consumes.
Has vivido una vida que no merecías, has aguantado carros y carretas y, a pesar de todo, sigues demostrando tu amor, a pesar de que los demás se aprovechen de ello, a pesar de que digas que no merece la pena seguir luchando, a pesar de que sabes que te necesito, porque eres la única que me ha demostrado algo de bondad, que me ha enseñado que en esta vida no es todo de color negro, sino que, de ves en cuando, se ven resquicios de luz, que ha sabido quererme y cuidarme.
Y ahora, ¿qué?
Eres lo único que me importa, eres la razón por la que sé que todavía me queda algo de familia.
Pero ¿qué voy a hacer si te vas? ¿Cómo voy a soportar estar sin ti, saber que no puedo volver a oír tu voz, saber que nunca podré volver a ver tu sonrisa, que nunca podré volver a abrazarte?
Mi corazón no lo soporta. Mis ojos se inundan solos, y mi sonrisa se convierte en una mueca de gran tristeza, proveniente de lo más fondo de mi ser.
Y sé que, pase lo que pase, siempre estarás ahí, porque has sido mi fuerza, mi coraje, mi tranquilidad y mis ganas de vivir.

Porque como tú no hay nadie.

Simplemente tú.