Y no puedo evitar el echaros de menos.
Hubo un momento de mi vida en el que erais todo lo que tenía, y os he perdido, no sé si por decisión del destino, la casualidad o simplemente, la suerte, a quien llevo teniendo en contra antes siquiera de ser concebida.
Y echo de menos vuestras caricias, vuestros abrazos, el sonido de vuestra voz... Todo.
Vuestros ojos me llenaban el alma, y con simplemente miraros me hacíais la más feliz del mundo.
Creo que nunca aceptaré el hecho de que ya no os tengo, puesto que yo no lo siento así: siempre os llevaré en mi alma, en mi piel y en mi corazón, donde dejasteis una huella imborrable y la cual me hace fuerte cada vez que pienso en vosotros.
Os quiero, y eso nunca cambiará.