De vuelta...
Casi podría decir que lo agradezco.
No, más bien, puedo decirlo: lo afirmo, es más.
Pensaba que me gustaría, pensé que sentir la brisa del mar me haría volver a un tiempo que tanto me gustó, pensé que sentir la arena bajo mis pies rejuvenecería mi espíritu, pensé que las aguas del mar volverían a llevarme a sitios recónditos de mi mente, lugares en los que era capaz de abstraerme del mundo.
Pero no es así.
Ha sido... Completamente contrario a lo que me imaginaba.
Si me preguntasen si me lo he pasado bien... La respuesta variaría dependiendo de en qué momento y en qué situación.
Para ser sinceros, la mayor parte del tiempo he tenido que abstraerme de distintas formas del mundo exterior.
Lo peor de todo, el primer día.
Fui con la ilusión de pasarlo bien, de recordar todas esas cosas que tanto ansiaba rememorar. Y efectivamente, las rememoré, pero no fue precisamente lo que quería, ni en la forma en la que quería hacerlo.
Sí, estuvo bien andar por la solitaria orilla de aquella playa dejada de la mano de Dios sabe qué, pero encima te echaba de menos.
No podía dejar de pensar en ti, de lo mucho que me gustaría tenerte a mi lado caminando, disfrutando de esa agradable brisa que únicamente se encuentra junto al mar.
Deseaba poder tenerte allí conmigo, y poder haber agarrado tu mano y haber sentido tu calor.
Sin embargo, lo único que sentí de calor aquella noche fueron unas punzadas en el pecho, mientras vivía de nuevo escenas que durante tanto tiempo había estado intentando apartar de mi mente.
Mi cama estaba fría, solitaria. Mis labios, completamente secos, ansiosos de los tuyos, los únicos capaces de curar esa ansiedad que tengo de poder sentirte cerca.
Volvía a sentirme, simplemente, sola.
Me levanté, sin ganas de nada, tras haberme sumergido en las páginas de un libro, como hacía antes de que mi vida hubiera dado este gran giro, intentando hacer caso omiso a la realidad, esquivarla, para que no me hiciera más daño del que mi propia imaginación se encargaba de suministrarme, quizá en pequeñas dosis, pero contundentes.
Terminada esa historia, llegó la mañana, y creo haber dormido un par de horas, si llegaba. Los nervios siempre me han impedido conciliar el sueño.
Nos fuimos, por fin, al destino definitivo de aquellas vacaciones. Ya había perdido toda esperanza de encontrar algún tipo de diversión, cosa que finalmente no fue del todo cierta, porque busqué formas de entretenerme, y pasé buenos ratos y al fin y al cabo.
Pero me seguías faltando tú, tu sonrisa, el suave tacto de tu piel, tus ojos brillando a mi lado, bajo la luz de un ardiente sol, haciendo brincar incesante y con fuerza a mi corazón.
Y he estado estos días, que, a pesar de ser pocos, para mí han sido una eternidad, echándote de menos, recordando, imaginando lo feliz que podría llegar a ser si estuvieras tú a mi lado, deseando poder sentir tus labios a cada instante, tu piel tu cuerpo...
Y por fin, el viaje de vuelta. ¿La mejor solución? Sumergirme de nuevo en otra historia que, la verdad, nunca pensé que fuera a gustarme tanto. Y he pasado así horas, pendiente de cuándo podía volver a reunirme contigo, de cuándo podría volver a disfrutar de tus labios, de cómo ese abrazo con el que tan fuertemente me has estrechado ha vuelto a posar una sonrisa sobre mis resecos labios.
El mar.