domingo, 28 de agosto de 2011

...

¿Pero es que no te das cuenta de que todas las lágrimas que he llorado han sido por ti?
Porque me siento tan despreciada...
Es tal el odio hacia mí misma el que me compone que creo que, finalmente, supondrá mi propia destrucción.

Y no sé qué pensar... si es bueno, o no lo es.
Ya no sé qué pensar...

jueves, 18 de agosto de 2011

¿Y por qué cuando crees que todo se ha acabado por fin lo único que haces es encontrar el camino hacia nuevos problemas?

Nunca me dejarás respirar tranquila, ¿verdad?
Es tu misión el hacer imposible el mísero deseo de poder vivir tranquila.
No pido más que un segundo de paz, de no sentir el maldito peso que la vida conlleva, el cual alguna gente agraciada tiene la ventaja de no tener que soportar.
Porque mis hombros están ya demasiado cansados para poder continuar.
Las llagas en mi alma crecen y, palpitantes, dañan mis entrañas, haciendo de estas jirones de infinito dolor.

Déjame, por favor, no te pido más,
poder sentir de verdad que el aire vuelve a llenar por completo mis pulmones.

lunes, 8 de agosto de 2011

...

Hoy volví a sentir el suave y frío roce de unos labios que nunca llegaré a besar.
Sentí cómo el temblor de la indecisión se hacía dueño de mi cuerpo, poco a poco, primero subiendo por la espalda, después llegando a mi cuello y, por último, usurpando mis ojos, haciéndolos estremecer con tanto fulgor que pensé que el roce tembloroso de éstos acabaría arañando mis párpados.

Y es que es la indecisión la que me atrapa en un sinfín de dudas, de sufrimiento, de preguntas de las que nunca llegaré a conocer la respuesta.

Porque todavía no sé cuáles son las palabras más adecuadas para decirlo.
Rebusco y rebusco... y sólo encuentro, llantos, gritos, humo... Nada en claro. Todo gris. siempre gris.

¿Cuándo encontraré esa supuesta gama de colores que le dé un toque bello y vaporoso a mi alma?


¿Es que acaso... existe?





jueves, 4 de agosto de 2011

I Promise...

Y la voz de los remordimientos me corroe por dentro, destrozándome, haciéndome vulnerable ante la cruel realidad de existir.
Y la preocupación... Estado latente en mí, pero, sin embargo, no lo suficientemente fuerte de verdad cuando más se necesita.
Y es que lo siento tanto...
Lo siento tanto, alma mía... Juro que pegaré todos tus pedazos con retazos de regocijos incesantes, con pequeños parches de maravillas soñadas, y algunas vividas o por vivir.
Te prometo, que aunque el dolor siga ahí, el cansancio acabe conmigo, la sequedad en mis ojos raje mis entrañas, conseguiré cambiar.

Porque una promesa es una promesa.