Y la voz de los remordimientos me corroe por dentro, destrozándome, haciéndome vulnerable ante la cruel realidad de existir.
Y la preocupación... Estado latente en mí, pero, sin embargo, no lo suficientemente fuerte de verdad cuando más se necesita.
Y es que lo siento tanto...
Lo siento tanto, alma mía... Juro que pegaré todos tus pedazos con retazos de regocijos incesantes, con pequeños parches de maravillas soñadas, y algunas vividas o por vivir.
Te prometo, que aunque el dolor siga ahí, el cansancio acabe conmigo, la sequedad en mis ojos raje mis entrañas, conseguiré cambiar.
Porque una promesa es una promesa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario