domingo, 17 de julio de 2011

Te echo de menos.

¿Y qué puedo decir, si las lágrimas atragantan mis palabras?
Mi corázón henchido, junto a mi alma, no puede soportarlo. Ambos están destrozados, desgarrados por el dolor.
Y es que te echo tanto de menos...
La vida cruel... ¿por qué tuvo que arrancarte de mi lado? ¿Quién le dio permiso para que arrastrara tu esencia con ella y te apartara de mí? ¿Quién?
El tiempo... Dios y compañero de la muerte, quizá.
La enfermedad, amiga íntima de éste.
La medicina... quien fue quien hizo que se apagara finalmente tu dolor, a la vez a la que se intensificaba el mío.
Lo recuerdo.
Recuerdo aquel día como si lo estuviera viviendo en este preciso instante.
En el coche, ese monstruoso invento, te tenía entre mis fácidos brazos debido al miedo, a los nervios.
Lloraba. Intentaba no llorar, pero no lo podía evitar. Las lágrimas fueron más fuertes que yo. Siempre lo son.
Y poco a poco, nos acercamos lentamente hacia ese límpido infierno.
Aparcamos, y yo te sujetaba con toda la fuerza de la que era capaz.
Tú me hablabas, intentabas hacerlo, pero tus gemidos tapaban el dulce sonido de tu voz.
Temblabas. Temblamos juntos, tú en mis brazos y yo sostenida por mis renqueantes e inseguras piernas.
Entramos. Una puerta de cristal separaba la realidad del sueño, y un mostrador una cara tranquila y sonriente aludía a nuestras faces con un sentimiento de pura ingenuidad, pero al fin y al cabo desconocido.
Hablamos, o eso creía yo.
Yo intentaba con todas mis fuerzas que las saliva no se desbordara de mi garganta e inundara mis pulmones.
Nos pasaron a una sala. a una fría, y fatídica, sala.
Te pusieron lentamente sobre una cama de metal, dura... con aspecto mortífero.
Te limpiaron tus pequeños ojitos, y tu naricita, para intentar que respiraras mejor. Oyeron los latidos de tu corazón, pero sin llegar a esucharlos. Si los hubieran escuchado, cuántas cosas habrían descubierto... Cuántas...
Llegó el momento.
Aquella cara, ya no tan sonriente, se nos acercó.
 -No podemos hacer nada- dijo, con la mirada fija en mi pequeño.- Está demasiado enfermo. Si lo dejamos vivir, solamente sufrirá más. Lo mejor es que...
Sé que lo último no llegué a oírlo, ni siquiera a percibirlo mínimamente.
Yo solamente tenía sentidos para ti. Tan pequeño, tan frágil, postrado sobre aquella tabla metálica. Y las lágrimas volvieron a abordar mis ojos.
Una mano sobre mi tembloroso hombro me hizo volver a la realidad.
 -Sara, no queda otra. Va a ser lo mejor para él.
Instintivamente, me tumbé sobre ti, llorando como no había llorado nunca, implorando al cielo que hubiera otra posibilidad, que no tuviera que ser la opción definitiva.
Unos instantes después, nunca podría saber decir cuánto tiempo, ya que ni mi cuerpo ni mi mente lo percibían, volvió aquella la que me había parecido en una primera impresión simpática, agradable, con la muerte entre sus manos.
 -Te echaré de menos. Siempre. Lo sabes, ¿no? Nunca te olvidaré. Mi pequeño... Siempre serás mi pequeño. Te quiero, y te querré para siempre.
Fueron las palabras que salieron de entre mis tartamudeantes labios, los cuales fueron utilizados como un filtro, ya que esas palabras procedían directamente de mi corazón.
Te besé, y, como de costumbre siempre que acercaba mi cabeza a la tuya, me contestaste con un golpecito y un suave rornoneo, y un mínimo maullido.
Y entonces, ocurrió.
Vi como tu vida se escapaba de tu cuerpo con pequeños espasmos, lentamente, hasta que finalmente, cerraste tus ojos para siempre.

Quiero que sepas, que nunca, nunca solté tu pequeña mano de entre las mías, ni en esta vida, ni en la otra.
Y al fin y al cabo, soy feliz de haber vivido tantas, tantísimas cosas contigo, y de haber podido estar contigo en tus últimos momentos, y que me pudieras hablar, que yo pudiera hacerlo, que fuera la última quien se comunicó contigo.

No había tenido fuerzas hasta ahora, pero ahora digo que te amo. Que no es solo amor lo que siento, sino muchos sentimientos más que con palabras nunca pude expresar, pero que con la última mirada que cruzamos, te dije.

Es que te echo de menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario