...Y entonces dejó caer aquel último pétalo de rosa sobre su mano.
-¿Ves? Las lágrimas a veces pueden ser tan frágiles como los pétalos.
-Pero nunca serán tan bellas ni tan suaves.
Suspiró, y la miró fijamente.
-¿Eso crees? ¿Un pétalo puede brillar tanto como una lágrima? ¿Puede esa pequeña porción de terciopelo dar la sensación de libertad que la composición de una lágrima asemeja? Porque, no sé tú, pero cuando dejo que corran esos pequeños seres por mi rostro, puedo imaginarme ríos, lagos, incluso mares u océanos.
Dime, ¿puedes hacer eso con un pétalo?
Se quedó callada, sosteniendo aquella parte de un todo ya seco y ennegrecido.
-No. Es cierto. No puedes. Pero una cosa es verdad: una lágrima nunca tendrá el bello colorido de un pétalo, por mucho que le de el sol.
Nunca.
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