viernes, 15 de julio de 2011

Y sonríes...

Te levantas.
Estiras todos los músculos adormecidos de tu cuerpo al tiempo que bostezas profundamente.
Miras a tu alrededor... "Hoy será un gran día. Hoy será... diferente".
Te levantas de un salto con toda la energía que tus recientemente despiertas piernas pueden, y te apoyas sobre las entumecidas plantas de tus pies.
Vas al baño, te miras en el espejo... y sonríes.
Te lavas la cara con energía, prefiriendo no pensar en nada...
Comes, te arreglas y te vas con tus amigos.
Durante el trayecto escuchas tu canción favorita... y sonríes.
Llegas a casa, te pones el pijama, miras fijamente a la cama, suspirando, y...
¿Por qué ya no sonrío? ¿Por qué las lágrimas comienzan a descender en un torrente de fuerza imparable por mi rostro?
Porque eso a lo que llamamos felicidad, es como una mísera sonrisa: dura una fracción, una milésima de segundo en la vida de aquellos quienes suspiran, esperando algo de ésta, cegados por su hiriente y demente luz.
Porque una sonrisa, no es más que el reflejo del más puro y hondo dolor.

1 comentario:

  1. Muy bonito, pero ya sabes qué opino de estos pensamientos tan pesimistas.. (¡A la hoguera!)^3^
    ¿No es más coherente que la sonrisa sea el reflejo de esa parte de ti que quiere huir del más puro y hondo dolor? No somos seres que aguantemos muy bien las penurias, simplemente o nos rendimos o nos esforzamos por superarlas. Piénsalo, saludos de Hectorosoroso :D

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