miércoles, 20 de julio de 2011

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Intenté agarrarme a tu delicada mano en le útlimo momento, pero no pude evitar lo que finalmente sucedió.

Y es que hay tantos errores de los que arrpentirse...
Cuando uno se odia a sí mismo, no es fácil, claro que no, el poder cambiar, puesto que lo único de lo que te dan ganas es de haber cogido finalmente ese puñal y haber puesto fin a todo el dolor en aquel momento.
Pero por culpa de una falsa esperanza te confundes, y te paras en el preciso momento en el que esa fina hoja va a llevarte a donde deberías haber estado desde un principio.
Y la desgracia... ¿quién es ella como para otorgarse el puesto de mejor compañera en la vida? Nunca le pedí que me acompañara allá donde estuviera, pero lo hace. Y ahí está, latente, en todos y cada uno de los momentos en los que vivo.
La alianza que hay entre ella y el destino no es más que un vil pacto para acabar con los pocos pequeños soñadores que quedan en la faz del mundo a día de hoy.

Y esa es la razón de que todo sea tan negro, tan oscuro, como una humedecida pupila.

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