domingo, 15 de diciembre de 2013

So much.

Muchas veces me pregunto cuándo llegará el momento de dejar de luchar.
Desgracia tras desgracia, tú sigues adelante, pero sigues sin darte cuenta que el fin está más cerca de lo que crees, y tampoco ves el daño que causarás a los que estamos a tu alrededor si sigues llevando esa vida.
Porque te queremos, y algunos de nosotros te necesitamos. Y sé que cuando llegue el día, mi vida nunca volverá a ser lo mismo. Tú has sido la única que se ha preocupado realmente por mí, quien me ha dejado llorar en su hombro, a pesar de mi antigua reticencia y pesimismo, quien me has acogido cuando no tenía donde ir, quien me ha enseñado que en esta vida hay que ser feliz a pesar de todo lo que hemos vivido.
Maltratada, asustada, siempre acomplejada, pero nunca falta una sonrisa en ese bello rostro.
Y sé que por dentro estás destrozada, que la culpa no te deja vivir a gusto, pero ¿sabes qué? Lo único de lo que tienes la culpa es de ser humana, de tener sentimientos, de saber que si luchas contra algo que es más fuerte que tú lo único que conseguirías es empeorar las cosas.
¿Que habría sido todo distinto si hubieras intentado huir? Seguro. Tan seguro como que a lo mejor yo no estaría aquí, ni nuestras familias hubieran sido lo que son, con sus fortalezas y debilidades.
Soy consciente de que mi vida y mis experiencias no han sido ni serán nunca las más deseables. Pero gracias a todos los obstáculos que me ha tocado sortear, ahora soy quien soy. Y sí, puedo decir que estoy muy orgullosa de ello. Puedo decir que nada ni nadie ha conseguido vencerme todavía, a pesar de haber estado muy cerca de cometer una locura. Ahora soy fuerte, y eso te lo debo a ti. Sé cuál es mi camino y por dónde debo continuar para ser feliz.

Mis palabras suenan inútiles a tu luz. Sólo espero que comprendas que te necesito, y que me gustaría que siguieras viviendo para que vieras en qué me convierto finalmente, gracias a ti.

Porque te quiero tanto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario