-Sí, todavía lo recuerdo...
Recuerdo el momento en el que me desperté, estiré mis cortos brazos y desperecé mis cansados ojos lentamente.
Me levanté de un salto de aquella diminuta cama, moviéndome elegantemente, con alegría.
Me puse uno de mis mejores vestiditos, de azul cian, peinándome a su vez de manera que se realzaran todas las facciones de mi delicada tez, clara y reluciente, con un aspecto suave que se asemejaba al de la porcelana.
Y salí al patio. A aquel inmenso cubículo repleto de todos y cada uno de los tipos de flores inimaginables.
Resaltaba sobre todo un tipo de flor, mi favorita, la rosa azul.
Me acerqué a una de ellas, y con delicadeza, la saqué de allí para acercarla lentamente a mi nariz y poder aspirar ese sabrosísimo aroma que tanto me recordaba viejos tiempos.
Entonces, mientras la sostenía entre mis pequeñas manos, una mariposa se posó sobre unos de los pétalos de ésta.
Sonreí. Aquel panorama era tan bello. La naturaleza, la tranquilidad, el sonido del leve canto de los perezosos pájaros por la mañana...
Todo y aquella nueva estampa, lo hacía perfecto.
Recuerdo todavía la escandalosa belleza de aquella mariposa: una mezcla de colores esperanzadores y puros, bañados por un brillo natural que se asemejaba al de la purpurina.
Era tan diferente a todas las que había visto...
En aquel momento, aquel magnífico ser levantó el vuelo, agitando sus grandes alas, e hizo un movimiento que me invitaba a seguirla.
Todavía sonriente, asentí y, sin soltar la flor, me encaminé detrás de la mariposa.
Corrí y corrí, no puedo recordar cuánto, pero corrí incesantemente, sin detenerme un instante para ver todo aquello que estaba dejando tras de mí a una velocidad vertiginosa.
Imagínate cuál entusiasmada estaría por seguir a aquel ser que ni siquiera me di cuenta de el cambio de estampa que se produjo a mi alrededor.
Repentinamente, se paró en seco, situándose sobre una rama baja de un árbol.
Me paré al instante, y contemplé cómo aquella mariposa se convertía lentamente en la figura de un pequeño pajarillo enjaulado.
La sonrisa que había estado plasmada en mis labios desapareció repentinamente y, sin pensármelo, acerqué la mano a la jaula, con la intención de sacar a aquel pobre animalito de allí.
Y entonces... Me encontré yo encerrada dentro de aquella jaula.
Asustada, me agarré con fuerza a los alambres que se habían convertido por arte de magia en mis prisioneros.
Aquel que me había parecido un animalito indefenso ahora se presentada como mi mayor pesadilla.
Su tamaño era bastante más mayor que el mío propio, y se alzó sobre sus fuertes patas ante mí.
Llorando, supliqué que no me hiciera nada, no con palabras, sino a través de una inocente mirada.
En un vano intento de hacerle comprender mi temor, acerqué la flor que todavía sujetaba con fuerza entre mis dedos hacia ese nuevo monstruo.
Y de repente, sentí cómo se para mi corazón.
Me desplomé sobre el suelo de aquella jaula, y me quedé allí, inerte... Con aquella flor agarrada con mi pequeña mano, ya sin fuerza.
...-Y eso es todo loq ue puedo recordar- susurré, derramando unas evasivas lágrimas.
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