Y volvemos a lo mismo. Ese sentimiento latente que nunca se apaga, a veces reaparece con más fuerza, otras menos, pero siempre me acompaña.
¿Y qué hacer, qué pensar, de nuevo?
¿Dejar todo estático, dejar que esos pensamientos recurran noche tras noche a mi cabeza?
Hacer lo indebido, seguir como está.
Todo es una lucha continua en mi interior: tanto en mi cabeza, como en mi corazón.
Y es que llega a ser soporífero, tan doloroso como imparable, tan enloquecedor, que creo que acabaré siendo parte de una de los millones de camisas de fuerza que hay por el mundo.
Y es que no puedo evitar pensarlo, me es imposible, sobrepasa todo aquello que intente detenerlo.
Supongo que será por algo, ¿no?
No hay comentarios:
Publicar un comentario