¿Qué puedo decir, a parte de que he pasado la mayor vergüenza de toda mi vida?
¿Yo, que creía que se me daba medianamente bien, que creía estar completamente segura de mí misma, voy, y destrozo una canción que significa muchísimo para mí?
No me merezco los comentarios que han hecho, intentando animarme, diciendo: "lo has hecho genial, Sara. No tienes que ponerte así. Ha sido de las mejores actuaciones de hoy".
Ha podido ser de las mejores del día, pero para mí, ha sido la gota que colma el vaso, para replantearme seriamente el dejar de cantar.
¿Para qué? ¿Para sentir que sólo voy de mal en peor? ¿Para ver cómo la gente avanza, disfruta cantando, se lo pasa bien, mientras que yo sufro cada palabra que entono?
Sufrimiento en vano, diría yo.
Y me entristece, por supuesto que me entristece.
Y tal ha sido la emoción al acabar que me quería morir. No me lo podía creer. Me he recriminado, una, dos, cientos, miles de veces al terminar: "¿cómo has podido hacer ese despropósito, animal? ¿Cómo se te ocurre hacer eso, después de lo que te ha costado poder llegar a cantar una canción tan importante para ti?"
La única respuesta racional que he podido encontrar han sido miles de lágrimas que no cesaban de rodar por mis mejillas.
Y cada vez que me acuerdo, me entran ganas de seguir llorando, y llorando, como castigo, hasta que reaccione, o hasta que me de cuenta de que realmente no sirvo para aquello que tanto he soñado.
Porque sé que nunca podré alcanzar mi sueño, si cada vez lo hago peor, si cada vez me da más miedo enfrentarme a la música en directo, si cada vez que sé que tengo que cantar siento como si toneladas de sufrimiento se posaran sobre mi espalda.
No, sé que un día acabará, porque hoy me he demostrado a mí misma, lo patética que puedo llegar a ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario