Eras mi compañero, mi confidente, mi amigo, simplemente, te quería más que a nada en el mundo, porque, cuando estaba mal, eras el primero que iba a consolarme, el primero que intentaba parar las lágrimas que tantas veces se han deslizado sin control por mis mejillas.
Me sonreías, a pesar de todo. Me acariciabas, porque sabías cuánto sufría, me querías, al igual que yo te quiero a ti.
Y no hay día que no me acuerde de ti, porque eres mi primer, y mi último pensamiento del día.
Porque es el nunca acabar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario